
Francisco de Cosio (Cossio) y Otero
Arzobispo de Bogotá 15
Retrato y escudo arzobispal. El retrato en óleo sobre tela, Obrador Neogranadino Ca. 1740, forma parte del patrimonio artístico de la Arquidiócesis de Bogotá que se conserva en los espacios históricos de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental a partir de las fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia. Para su elaboración se tomaron como base los dibujos ejecutados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, desarrollados a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y las directrices impartidas por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para la recopilación y preservación de la memoria heráldica de los Arzobispos de Bogotá.
(1640-1714)
Francisco de Cossío y Otero, nació probablemente el 12 de abril de 1640 en Turieno, cerca del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en la actual Cantabria (España). Hijo de Jerónimo Sanz de Otero y Cossío y de María Díaz Laso de Mogrovejo, cursó estudios jurídicos hasta graduarse en ambos Derechos. Antes de llegar a América desempeñó importantes cargos eclesiásticos y administrativos: fue provisor de Mondoñedo, visitador general de León, provisor de Burgos, inquisidor fiscal en Logroño, Murcia y Madrid, además de visitador del Real Convento de la Encarnación. También ejerció interinamente el cargo de Patriarca de las Indias.
El 2 de diciembre de 1703 fue nombrado arzobispo de Santafé por el rey de España. Las bulas pontificias fueron expedidas el 14 de enero de 1704, recibió el palio el 11 de febrero y las ejecutoriales el 11 de marzo de ese mismo año. Consagrado obispo en Madrid durante 1704, permaneció todavía algún tiempo en España antes de emprender viaje hacia América.
Llegó a Cartagena de Indias en abril de 1706 y continuó su recorrido hacia el interior del virreinato. Tras pasar por Mariquita y otras poblaciones del camino, tomó posesión de su arquidiócesis a través de representante el 10 de julio de 1706, mientras él llegaba personalmente a Santafé a comienzos de agosto. Desde sus primeros días mostró interés tanto por la administración eclesiástica como por las costumbres públicas de la ciudad, participando activamente en las celebraciones organizadas con motivo de su entrada solemne.
Uno de los rasgos más destacados de su gobierno fue su capacidad conciliadora. Un episodio ocurrido en 1706 entre los canónigos Francisco Berbegal y Pedro de Urretabisqui ilustra este aspecto. Durante una sesión capitular destinada a nombrar un juez de diezmos, una discusión terminó en agresión física cuando Urretabisqui golpeó a Berbegal. El arzobispo intervino personalmente para evitar mayores divisiones. Tras varios días de negociaciones y exhortaciones espirituales, logró que ambos se reconciliaran públicamente, dando ejemplo de prudencia y caridad pastoral.
Su actividad también se manifestó en asuntos de alcance regional. En 1706, el obispo de Popayán excomulgó al gobernador de Antioquia por un conflicto relacionado con el nombramiento del cura de Sopetrán. Los oidores de la Real Audiencia solicitaron la intervención del arzobispo metropolitano. Cossío actuó como mediador y consiguió que las partes llegaran a un acuerdo, levantándose la censura el 29 de marzo de 1708.
Entre 1708 y 1712 promulgó diversas disposiciones destinadas a fortalecer la disciplina eclesiástica. Reguló algunas cofradías, ordenó la asistencia obligatoria de los clérigos a determinadas celebraciones litúrgicas en la Catedral, promovió la enseñanza sistemática del catecismo en las parroquias y recomendó la comunión frecuente, incluso diaria. Estas medidas reflejan su interés por mejorar la formación religiosa y la vida espiritual de los fieles.
La situación política del virreinato llevó a que asumiera también responsabilidades civiles. Ante la amenaza de ataques enemigos contra Cartagena durante la Guerra de Sucesión Española, el presidente de la Real Audiencia se trasladó a la costa en 1710. En esas circunstancias, Cossío recibió el nombramiento de presidente interino de la Audiencia, uniendo temporalmente la autoridad eclesiástica y la civil. Durante este período, en 1711, los habitantes de la parroquia del Socorro solicitaron la elevación de su población a la categoría de ciudad. Aunque la iniciativa recibió inicialmente el nombre de «Nuestra Señora del Socorro Cossío y Otero», la Corona no confirmó posteriormente dicha erección.
El arzobispo mostró especial interés por el embellecimiento de la Catedral de Santafé. En 1709 impulsó el dorado del retablo mayor y apoyó diversos proyectos de restauración arquitectónica. En 1711 promovió estudios para reforzar la cúpula de la torre catedralicia, cuya estructura amenazaba ruina. Asimismo, realizó importantes donaciones personales para las obras del templo.
Mantuvo una profunda devoción por el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, lugar vinculado a su nacimiento. Donó recursos para construir allí un altar destinado a custodiar una reliquia del Lignum Crucis, inspirándose en el antiguo altar de la Capilla del Sagrario de Santafé. Este gesto simboliza el vínculo permanente que conservó con su tierra natal.
No obstante, los últimos años de su gobierno estuvieron marcados por conflictos con la Real Audiencia debido a las tensiones derivadas del Real Patronato. En 1713, la disputa por el nombramiento del párroco de Siachoque enfrentó al arzobispo con el presidente Francisco Meneses Bravo de Saravia. La Audiencia llegó a imponerle una multa de doce mil pesos y embargó sus rentas. Cossío apeló directamente al rey, quien finalmente le dio la razón mediante una cédula expedida en El Pardo el 8 de agosto de 1714. Sin embargo, el documento llegó a Santafé cuando el arzobispo ya había fallecido.
Afectado por una delicada enfermedad, otorgó testamento el 16 de noviembre de 1714. Dispuso que su biblioteca pasara a la Compañía de Jesús y que el resto de sus bienes se destinara a obras pías y de beneficencia. Murió en Santafé el 29 de noviembre de 1715* (algunos datos biograficos lo situan en 1714), siendo sepultado en la Catedral. Su muerte fue lamentada tanto por el clero como por la sociedad del Nuevo Reino de Granada.
El legado de Francisco de Cossío y Otero se caracteriza por la combinación de firmeza administrativa, espíritu conciliador y profunda preocupación pastoral. Gobernó en una época de tensiones políticas y religiosas, pero dejó el recuerdo de un prelado prudente, culto y generoso, capaz de ejercer simultáneamente funciones espirituales y civiles en beneficio de la estabilidad del reino y de la Iglesia.
Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo I: 1564-1819). Bogotá: Editorial Lumen Christi.

