
Ignacio de Urbina
Arzobispo de Bogotá 14
Retrato y escudo arzobispal. El retrato en óleo sobre tela, atribuido a Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos Ca. 1701* , forma parte del patrimonio artístico de la Arquidiócesis de Bogotá que se conserva en los espacios históricos de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental a partir de las fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia. Para su elaboración se tomaron como base los dibujos ejecutados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, desarrollados a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y las directrices impartidas por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para la recopilación y preservación de la memoria heráldica de los Arzobispos de Bogotá.
(1632–1703)
Fray Ignacio de Urbina fue una de las figuras eclesiásticas más destacadas del tránsito entre los siglos XVII y XVIII en el Nuevo Reino de Granada. Nació en Burgos, España, el 31 de julio de 1632, hijo de Juan Urbina y Francisca Ortiz de Zárate. Fue bautizado en la parroquia de San Nicolás el 5 de agosto del mismo año. Desde joven ingresó en la Orden de San Jerónimo, donde recibió una sólida formación espiritual, intelectual y disciplinaria que marcaría toda su trayectoria.
Realizó estudios superiores en la Universidad de Salamanca entre 1654 y 1663, una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo hispánico. Allí se formó en Artes y Teología, distinguiéndose por su capacidad intelectual y su dedicación al estudio. Posteriormente ejerció como lector de estas materias en el Colegio de Guadalupe de Salamanca y ocupó diversos cargos de responsabilidad dentro de su orden religiosa. Fue prior de varios monasterios, definidor general, visitador de Castilla y calificador del Santo Oficio de la Inquisición.
Su prestigio alcanzó su punto culminante cuando fue elegido, en 1684, prior del monasterio de San Bartolomé de Lupiana y General de toda la Orden Jerónima. Desde este importante cargo impulsó reformas administrativas, fortaleció la disciplina monástica y promovió una mejor organización de los conventos bajo su jurisdicción. Su experiencia de gobierno y su reputación como religioso prudente y culto llamaron la atención de la Corona española.
En 1689 fue presentado por el rey para ocupar la sede arzobispal de Santafé de Bogotá. Las bulas pontificias fueron expedidas el 7 de noviembre de ese año, y pocos días después recibió la concesión del palio arzobispal. Tras emprender el viaje hacia América, llegó a Cartagena de Indias, donde el 14 de mayo de 1690 recibió la consagración episcopal. El recorrido hacia la capital del Nuevo Reino estuvo marcado por dificultades y quebrantos de salud. Debido a ello otorgó poderes para que se tomara posesión de la arquidiócesis en su nombre mientras continuaba el viaje. Finalmente hizo su entrada solemne en Santafé el 25 de septiembre de 1690.
Desde el comienzo de su gobierno mostró gran interés por la organización eclesiástica y la formación del clero. Uno de sus primeros asuntos fue la controversia sostenida con la Compañía de Jesús acerca de la dirección del Seminario de San Bartolomé, institución fundamental para la formación sacerdotal del reino. Urbina defendió con firmeza la autoridad del arzobispo en los asuntos relacionados con el seminario, buscando asegurar una adecuada preparación doctrinal y pastoral de los futuros sacerdotes.
Preocupado por la evangelización de los fieles, impulsó numerosas iniciativas destinadas a fortalecer la instrucción religiosa. En 1690 dirigió una importante circular a los párrocos y vicarios de la arquidiócesis, exhortándolos a colaborar activamente con las misiones populares predicadas en diversas regiones del territorio. Más adelante, en 1692, ordenó mejorar la enseñanza de la doctrina cristiana, al considerar que en muchas parroquias la formación religiosa resultaba insuficiente para las necesidades espirituales de la población.
Durante su pontificado también prestó especial atención a la vida litúrgica y al esplendor del culto divino. Uno de los proyectos más recordados fue la adquisición de un nuevo órgano para la Catedral Metropolitana. El instrumento, construido por Pedro Rico, fue instalado en 1692 y llegó a ser conocido como el célebre “Órgano de los Ángeles”, considerado una de las joyas musicales de la época colonial. Esta obra contribuyó notablemente al enriquecimiento de las celebraciones litúrgicas y al prestigio de la Catedral de Santafé.
Otra de sus preocupaciones fue el fortalecimiento de las instituciones religiosas de la arquidiócesis. En 1694 consolidó jurídicamente la fundación de la iglesia y convento de Las Aguas, favoreciendo la estabilidad de esta importante comunidad religiosa. Asimismo promovió diversas obras pías y destinó recursos para asegurar el sostenimiento de devociones tradicionales y festividades religiosas.
Entre 1694 y 1695 realizó una extensa visita pastoral por gran parte de la arquidiócesis. Recorrió numerosas poblaciones, inspeccionó parroquias, confirmó fieles y corrigió abusos administrativos y disciplinarios. Las fuentes señalan que administró el sacramento de la confirmación a más de catorce mil personas, cifra extraordinaria para la época. Estas visitas permitieron fortalecer la presencia de la autoridad eclesiástica en regiones apartadas y conocer de primera mano las necesidades espirituales de las comunidades.
Durante su gobierno adquirió especial relevancia el culto a San Luis Beltrán. Aunque la Santa Sede había reconocido al santo como patrono principal del Nuevo Reino de Granada, fue Urbina quien impulsó solemnemente su veneración pública. Promovió celebraciones especiales y favoreció la construcción de una capilla dedicada al santo dentro de la Catedral Metropolitana, fortaleciendo así una devoción que alcanzaría gran arraigo en el territorio.
Los años finales de su pontificado estuvieron marcados por importantes acontecimientos. Durante la invasión francesa a Cartagena en 1697 ordenó rogativas públicas, procesiones y actos penitenciales para implorar la protección divina sobre el reino. También continuó promoviendo la disciplina clerical mediante normas relativas a las ceremonias religiosas y a la conducta del clero.
En 1700 impulsó una de las obras litúrgicas más significativas de su tiempo: la dedicación solemne de la Capilla del Sagrario de la Catedral. Posteriormente reglamentó la forma de llevar el Viático por las calles de la ciudad, demostrando su constante preocupación por la dignidad del culto eucarístico. Ese mismo año estableció diversas fundaciones religiosas y obras pías destinadas a sostener el culto de Nuestra Señora del Topo y la celebración anual de la fiesta de San Jerónimo, patrono de su orden.
Su prestigio llevó a la Corona a promoverlo para la diócesis de Puebla de los Ángeles, en México, una de las sedes más importantes de América. Sin embargo, su avanzada edad y el deterioro de su salud le impidieron realizar el traslado. Consciente de la proximidad de la muerte, otorgó testamento en 1701 y dispuso importantes legados para instituciones religiosas y educativas. Entre ellos destacó la donación de su valiosa biblioteca al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, contribuyendo así al desarrollo intelectual de la Nueva Granada.
Fray Ignacio de Urbina falleció en Santafé el 9 de abril de 1703. Sus exequias se celebraron solemnemente en la Catedral Metropolitana, donde recibió sepultura. La historia lo recuerda como un arzobispo culto, prudente y profundamente comprometido con la vida espiritual de su arquidiócesis. Su gobierno fortaleció la organización eclesiástica, promovió la formación religiosa del clero y de los fieles, impulsó importantes obras litúrgicas y dejó una huella perdurable en la historia de la Iglesia neogranadina.
Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo I: 1564-1819). Bogotá: Editorial Lumen Christi.

