
Cristóbal de Torres
Arzobispo de Bogotá 11
Retrato y escudo arzobispal. El retrato en óleo sobre tela, Obrador Neogranadino en el Siglo XVII, forma parte del patrimonio artístico de la Arquidiócesis de Bogotá que se conserva en los espacios históricos de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental a partir de las fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia. Para su elaboración se tomaron como base los dibujos ejecutados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, desarrollados a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y las directrices impartidas por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para la recopilación y preservación de la memoria heráldica de los Arzobispos de Bogotá.
(1573-1654)
Fray Cristóbal de Torres ocupa un lugar privilegiado en la historia de la Iglesia y de la educación en el Nuevo Reino de Granada. Nacido en Burgos, España, el 27 de diciembre de 1573, ingresó muy joven a la Orden de Predicadores, donde realizó una brillante carrera intelectual y religiosa. Su sólida formación en Artes y Teología le permitió alcanzar el grado de Maestro en Teología en 1625, mientras que su elocuencia y prestigio lo llevaron a desempeñarse como predicador de los reyes Felipe III y Felipe IV, una de las más altas distinciones para un religioso de su tiempo.
El 28 de octubre de 1634 fue nombrado Arzobispo de Santafé. Las bulas pontificias fueron expedidas en enero de 1635 y tomó posesión de la arquidiócesis el 8 de septiembre del mismo año. Durante los dieciocho años de su gobierno pastoral desarrolló una intensa labor encaminada a fortalecer la vida religiosa, la educación y las obras de caridad en el territorio neogranadino.
Entre sus primeras iniciativas se destacó el mejoramiento de la atención hospitalaria mediante la llegada de los Hermanos de San Juan de Dios al Hospital de San Pedro en 1635. Asimismo, confirmó la administración dominica del Santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá, impulsó el culto eucarístico y promovió una profunda devoción al Santo Rosario, rasgos característicos de la espiritualidad dominicana.
Su acción pastoral también se dirigió hacia la evangelización de las comunidades indígenas, procurando una mayor administración de los sacramentos y una atención más cercana a las necesidades espirituales de la población. Paralelamente, apoyó diversas obras de beneficencia y fortaleció instituciones religiosas que contribuyeron al crecimiento espiritual de la arquidiócesis.
En el campo educativo desplegó una labor excepcional. Participó en la consolidación de la Academia de Santo Tomás y favoreció la formación intelectual del clero y de la juventud del Reino. También respaldó la fundación del Monasterio de Santa Inés en 1644, primer convento dominico femenino de clausura establecido en Santafé.
Diego del Castillo y Artiga (1605–1658)
Diego del Castillo y Artiga nació en Tudela, España, y fue bautizado el 18 de enero de 1605. Estudió en la Universidad de Alcalá y el 3 de abril de 1629 ingresó al Colegio de San Ciriaco de Paula, donde llegó a ser rector y obtuvo la cátedra de Artes en 1634.
Desempeñó importantes cargos eclesiásticos como canónigo de la Catedral de Tudela y vicario de Ablitas. El 3 de mayo de 1637 ganó por oposición la canonjía magistral de la Catedral de Ávila, destacándose como teólogo y escritor. Entre sus principales obras se encuentran De Ornatu et Vestibus Aaronis, Alphabetum Marianum y Festum Regium et Devotio Catholicae Maiestatis Philippi IV (1647).
En 1652 fue propuesto para el obispado de Cartagena de Indias, aunque no aceptó el cargo. En noviembre de 1653 fue presentado para la diócesis de Trujillo, en el Perú, y las bulas pontificias fueron expedidas el 9 de marzo de 1654. Sin embargo, nunca viajó a América.
Tras la muerte de Fray Cristóbal de Torres, fue presentado por el rey para ocupar la sede arzobispal de Santafé el 10 de junio de 1655, pero el nombramiento no se hizo efectivo y nunca tomó posesión del cargo.
Posteriormente fue designado obispo de Badajoz el 15 de septiembre de 1657, recibiendo las bulas correspondientes el 25 de febrero de 1658. Debido a la guerra entre España y Portugal no pudo ingresar a su diócesis y permaneció en la villa de Zafra.
Durante el sitio portugués de Badajoz, iniciado el 12 de julio de 1658, se mantuvo alejado de la ciudad. Falleció en Zafra el 22 de septiembre de 1658 y fue sepultado en la Colegiata de esa localidad.
Aunque fue nombrado por el rey para ser arzobispo de Santafé, nunca llegó a gobernar la arquidiócesis, por lo que es recordado como arzobispo electo o presentado, pero no posesionado.
Sin embargo, la obra que inmortalizó su nombre fue la fundación del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Convencido de que la educación constituía uno de los pilares fundamentales para el progreso de la Iglesia y de la sociedad, destinó gran parte de sus esfuerzos y recursos a la creación de esta institución. La licencia real fue concedida en 1651, las clases comenzaron en 1653 y las constituciones fueron firmadas en 1654. Desde entonces, el Colegio Mayor del Rosario se convirtió en uno de los principales centros de formación intelectual de la Nueva Granada y posteriormente de Colombia.
Además de sus labores pastorales y educativas, Fray Cristóbal de Torres dejó una importante producción escrita de carácter teológico y espiritual. Entre sus obras destaca Lengua Eucarística del Hombre Bueno, reflejo de su profunda devoción al Santísimo Sacramento y de su sólida formación doctrinal.
Falleció en Santafé el 8 de julio de 1654, a los 81 años de edad. De acuerdo con su voluntad testamentaria, sus restos fueron trasladados en 1793 al Colegio Mayor del Rosario, institución que permanece como el monumento más vivo de su legado. La memoria de Fray Cristóbal de Torres perdura como la de un pastor ejemplar, educador visionario y benefactor de la Iglesia neogranadina, cuya obra trascendió su tiempo para convertirse en parte fundamental de la historia religiosa y cultural de Colombia.
Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo I: 1564-1819). Bogotá: Editorial Lumen Christi.

