Pasar al contenido principal

Arzobispo de Bogotá 10

Bernardino de Almansa y Carrión

Bernardino de Almansa y Carrión

Arzobispo de Bogotá 10

Arzobispado de Santafé de Bogotá en Nuevo Reino de Granada ​​15 diciembre 1631 - 26 septiembre 1633

Retrato  y escudo arzobispal. El retrato  en óleo sobre tela, Obrador Neogranadino en el Siglo XVII, forma parte del patrimonio artístico de la Arquidiócesis de Bogotá que se conserva en los espacios históricos de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental  a partir de las fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia. Para su elaboración se tomaron como base los dibujos ejecutados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, desarrollados a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y  las directrices impartidas por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para la recopilación y preservación de la memoria heráldica de los Arzobispos de Bogotá.

(1597-1633)

Don Bernardino de Almansa fue una de las figuras más relevantes de la Iglesia en el Nuevo Reino de Granada durante la primera mitad del siglo XVII. Nació en Lima el 6 de julio de 1597, hijo de Pedro de Almansa e Isabel de Carrión, españoles originarios de Logroño.

Desde joven recibió una sólida formación religiosa y académica en el Seminario de Lima, donde destacó por sus capacidades intelectuales. Más tarde obtuvo el grado de Doctor en Cánones en la Universidad de Lima, preparación que le permitió desempeñar importantes responsabilidades dentro de la Iglesia.

Tras su ordenación sacerdotal ejerció como párroco en las localidades de Guadalchirí y Pachacámac. En estos destinos mostró gran interés por la organización pastoral y por la mejora de los templos bajo su cuidado, impulsando la reconstrucción de varias iglesias.

Posteriormente fue nombrado párroco de San Sebastián de Lima y visitador del arzobispado, cargos en los que adquirió experiencia administrativa y de gobierno eclesiástico.

Su prestigio continuó creciendo cuando fue designado Tesorero de la Catedral de Cartagena de Indias y provisor de aquella diócesis. En Cartagena desempeñó una importante labor en la reconstrucción de la catedral, destruida años antes durante el ataque del corsario inglés Francis Drake. Gracias a su gestión y a los recursos destinados a la obra, el templo pudo recuperar gran parte de su esplendor, consolidando su reputación como administrador eficaz.

En 1614 viajó a España, donde estableció estrechos vínculos con el convento madrileño de las religiosas franciscanas descalzas de Jesús, José y María, conocido como el Convento del Caballero de Gracia. Su generosa donación de treinta mil ducados permitió fortalecer económicamente la comunidad religiosa y le otorgó el patronato de la capilla mayor, además del derecho a recibir sepultura en dicho convento.

Más adelante fue promovido a la dignidad de arcediano de Charcas. Allí ejerció funciones de provisor, visitador y comisario del Santo Oficio, demostrando nuevamente sus capacidades de gobierno. De regreso a España fue nombrado inquisidor de Logroño y posteriormente inquisidor de Toledo, dos de los cargos más prestigiosos dentro de la administración eclesiástica de la monarquía hispánica. Estas responsabilidades aumentaron considerablemente su influencia y reconocimiento.

El 22 de mayo de 1629 el rey lo presentó para ocupar el Arzobispado de Santo Domingo, sede considerada la Primada de las Indias. Las bulas pontificias fueron expedidas ese mismo año y recibió la consagración episcopal en Madrid de manos de fray Juan Bravo. Sin embargo, antes de trasladarse a aquella arquidiócesis, la Corona decidió confiarle una misión aún más importante.

El 22 de julio de 1631 fue nombrado Arzobispo de Santafé, cabeza eclesiástica del Nuevo Reino de Granada. Llegó a la capital el 12 de octubre de ese año, mientras el deán Gaspar Arias Maldonado había tomado posesión en su nombre semanas antes. Las bulas correspondientes fueron expedidas a finales de 1631 y el palio arzobispal le fue concedido en enero de 1632.

Su gobierno estuvo marcado por una intensa actividad pastoral, pero también por frecuentes conflictos con las autoridades civiles y algunos sectores eclesiásticos. El principal de sus enfrentamientos ocurrió con Sancho Girón, marqués de Sofraga y presidente de la Real Audiencia. Ambos defendían con firmeza las prerrogativas de sus respectivos cargos, lo que dio origen a continuas disputas relacionadas con el protocolo, la jurisdicción y la aplicación del Patronato Real.

Uno de los episodios más controvertidos tuvo lugar en enero de 1632, cuando suspendió las licencias para predicar y confesar a todos los sacerdotes de la arquidiócesis hasta que acreditaran suficiente preparación mediante exámenes de teología y derecho canónico. Aunque la medida buscaba elevar el nivel intelectual y pastoral del clero, generó fuerte inconformidad entre muchos sacerdotes.

Las tensiones aumentaron durante la celebración de la fiesta de la Candelaria de ese mismo año, cuando reprendió públicamente al presidente de la Audiencia por cuestiones relacionadas con las ceremonias litúrgicas. A partir de entonces las relaciones entre ambos se deterioraron profundamente.

También sostuvo un conflicto con el visitador real Antonio Rodríguez de San Isidro Manrique, a quien acusó de comportamientos inmorales. Sin embargo, las investigaciones posteriores no confirmaron dichas acusaciones, circunstancia que debilitó la posición del arzobispo ante algunos sectores de la sociedad.

Otro foco de controversia surgió con motivo de las obras de ampliación de la Catedral Metropolitana. El proyecto afectaba propiedades vecinas y encontró oposición tanto en el Cabildo como en la Audiencia. La disputa alcanzó tal intensidad que miembros del clero participaron directamente en los trabajos mientras las autoridades civiles intentaban impedir su ejecución.

A estas dificultades se sumó un enfrentamiento con la Compañía de Jesús. Almansa retiró facultades ministeriales a algunos jesuitas y promovió procesos contra varios miembros de la orden, lo que provocó una notable división entre los habitantes de Santafé y dentro del propio ámbito eclesiástico.

Pese a estas controversias, desarrolló una importante labor pastoral. Durante 1633 emprendió una extensa visita por la arquidiócesis, recorriendo poblaciones de la región andina y de los Llanos. Estas visitas permitieron fortalecer la presencia de la Iglesia en territorios apartados y conocer de primera mano las necesidades espirituales de las comunidades.

Uno de los hechos más significativos de su pontificado fue su apoyo a la entrega del Santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá a la Orden de Predicadores. Esta decisión favoreció el desarrollo de la principal devoción mariana del Nuevo Reino de Granada y fortaleció la importancia espiritual del santuario.

Ese mismo año el territorio fue golpeado por una grave epidemia conocida como la Peste de San Gil. En medio de la crisis, la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá fue trasladada a Santafé como signo de esperanza para la población. Mientras realizaba su visita pastoral, el propio arzobispo contrajo la enfermedad y falleció en Villa de Leyva el 26* de septiembre de 1633.

Su pontificado duró apenas dos años, pero estuvo lleno de acontecimientos decisivos. Los cronistas lo describen como un hombre profundamente religioso, de sólida formación intelectual y gran celo pastoral. Aunque su carácter severo lo llevó a frecuentes enfrentamientos con autoridades civiles, miembros del clero y comunidades religiosas, dejó una huella importante en la historia de la Iglesia del Nuevo Reino de Granada, especialmente por su actividad pastoral y por el impulso dado al culto de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo I: 1564-1819). Bogotá: Editorial Lumen Christi.

Escudo Bernardino de Almansa y Carrión