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Arzobispado de Santafé de Bogotá en Virreinato de la Nueva Granada ​​3 marzo 1738 -  14 noviembre 1739
Fray Juan de Galavis nació en Robledillo de Gata, Extremadura, el 9 de mayo de 1683. Ingresó a la Orden de los Canónigos Premostratenses, fundada por San Norberto, profesando en el Monasterio de Nuestra Señora de la Caridad de Ciudad Rodrigo. Recibió una sólida formación intelectual en Ávila y posteriormente se desempeñó como catedrático de Sagrada Teología en la Universidad de Salamanca, destacándose por su erudición y prestigio académico.

Dentro de su orden religiosa ocupó importantes cargos. Fue abad del monasterio de Ávila y, en 1723, fue elegido Maestro General de los Premostratenses, máxima dignidad de la congregación. También ejerció como abad de la Casa Grande de San Norberto en Madrid. Su trayectoria religiosa, intelectual y administrativa lo convirtió en una figura de gran reconocimiento dentro de la Iglesia española.

El rey Felipe V lo nombró arzobispo de Santo Domingo el 27 de junio de 1729. Aunque se desconocen los detalles de su consagración episcopal y gran parte de su actividad en aquella diócesis, se sabe que mantuvo vínculos con su convento de origen, al que envió valiosas donaciones, entre ellas un pectoral de oro con esmeraldas y un anillo episcopal. Su gobierno en Santo Domingo fue considerado exitoso, razón por la cual fue promovido posteriormente a una sede de mayor importancia.

Tras la muerte del arzobispo Antonio Claudio Álvarez de Quiñones, Galavis fue trasladado al Arzobispado de Santafé el 17 de diciembre de 1737. Las bulas pontificias fueron expedidas en marzo de 1738 y las ejecutoriales en abril del mismo año. Debido a diversas ocupaciones y problemas de salud, no pudo tomar posesión personalmente de su nueva sede. Por ello delegó esa función en el doctor Nicolás Javier de Barasorda y Larrazábal, arcediano de la Catedral de Santafé, quien tomó posesión en su nombre el 12 de abril de 1739.

Posteriormente, Barasorda viajó hasta Pamplona para imponerle el palio arzobispal, ceremonia que tuvo lugar a finales de mayo de 1739. Galavis continuó su recorrido hacia el interior del Nuevo Reino de Granada. Pasó por Tunja y otras poblaciones hasta llegar finalmente a Santafé el 29 de julio de 1739. Su llegada fue recibida con entusiasmo por las autoridades civiles y eclesiásticas. El Cabildo de la ciudad organizó festejos en su honor, incluyendo corridas de toros durante tres días consecutivos, muestra del aprecio que despertó entre los habitantes de la capital.

El cronista Vargas y Jurado registra que el primer acto solemne presidido por el nuevo arzobispo fue una misa de réquiem celebrada el 3 de septiembre de 1739 por el aniversario de la muerte del presidente Antonio González Manrique. Durante los pocos meses que gobernó la arquidiócesis, realizó actos administrativos ordinarios, como nombramientos de párrocos y evaluaciones de candidatos al sacerdocio. Sin embargo, su gestión fue extremadamente breve.

En noviembre de 1739 sufrió una grave enfermedad, descrita por algunos contemporáneos como un ataque de parálisis que afectó uno de sus brazos. Aunque inicialmente no parecía mortal, su salud se deterioró rápidamente. Antes de morir manifestó su voluntad de transmitir a la Iglesia ciertas facultades apostólicas que poseía. Tras su fallecimiento surgieron discusiones sobre el alcance de dichas facultades, especialmente respecto a la posibilidad de que el vicario capitular consagrara aras o altares, cuestión que los teólogos resolvieron negativamente.

Fray Juan de Galavis murió el 14 de noviembre de 1739, apenas tres meses y medio después de haber llegado a Santafé. Fue sepultado en la Catedral. Su muerte causó gran consternación entre los fieles y el clero. La impresión que produjo fue tan profunda que en una anotación marginal de su partida bautismal se escribió la frase: “Murió breve, y muerto él, todas nuestras esperanzas”.

Durante la sede vacante que siguió a su fallecimiento, fue elegido como provisor y vicario capitular Nicolás Javier de Barasorda. Diversas cartas conservadas en el archivo capitular muestran que los familiares del arzobispo, residentes en España, mantenían la esperanza de recibir ayuda económica de él. Tanto su tío Pedro Rodríguez como su prima María Rodríguez le escribieron solicitando auxilio para aliviar las dificultades económicas que atravesaban. Estas cartas reflejan la pobreza de muchas familias rurales españolas y la expectativa que generaba tener un pariente elevado a una alta dignidad eclesiástica en América.

La memoria de Galavis permaneció muy viva en su orden religiosa. En el obituario del Convento de la Caridad de Ciudad Rodrigo se le dedicó un extenso elogio. Allí fue presentado como modelo de religioso, hombre de extraordinaria cultura, brillante orador y administrador ejemplar. Se resaltó su prudencia, su capacidad intelectual y su entrega al bienestar de la Orden Premostratense. También se recordó su ascenso desde maestro y abad hasta convertirse en arzobispo y primado de las Indias.

La sede vacante posterior estuvo marcada por diversos acontecimientos importantes. En junio de 1740 se instaló el reloj de la torre de la Catedral de Santafé, construido por un artesano francés llamado Monsieur Antonio. Asimismo, las autoridades eclesiásticas reforzaron las normas disciplinarias para el clero, prohibiendo que los sacerdotes salieran de noche sin sus vestiduras e insignias clericales.

Durante esos años la ciudad enfrentó graves dificultades. Epidemias afectaron a la población, lo que motivó procesiones, novenas y actos religiosos para implorar la protección divina. También existía preocupación por amenazas militares externas. El virrey Sebastián de Eslava informó sobre movimientos navales británicos en el Caribe, y en 1741 se conoció el asedio inglés a Cartagena de Indias. Ante esta situación, el clero fue llamado a contribuir con recursos para la defensa del territorio.

En conjunto, la figura de Fray Juan de Galavis representa el caso de un prelado de brillante trayectoria intelectual y religiosa cuya labor en Santafé quedó truncada por una muerte prematura. Aunque gobernó la arquidiócesis durante muy poco tiempo, su prestigio personal, su formación académica y el afecto que despertó entre contemporáneos hicieron que su recuerdo permaneciera vivo tanto en América como en España.

Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo I: 1564-1819). Bogotá: Editorial Lumen Christi.
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